domingo, 27 de marzo de 2016

Introducción a la Brujería Córnica

Por Gemma Gary
(Traducido por Hermes Blackwood de The Black Toad)


Agarrando con fuerza la mano de mi padre, tocamos en la puerta de una especie de cabaña de paja. En respuesta, una pequeña voz, delgada y quebrada, nos indicó: “Pasad”, y fuimos a tientas hacia una habitación cercana, oscura, sólo iluminada por un pequeño ventanal, con un amplio suelo decorado con pieles y harapos. De todo tipo de extrañas hierbas estaba dispuesta la habitación, con misteriosos objetos colgando de las vigas del techo, pero -lo más misterioso de todo-, alejada frente al fuego del hogar, estaba la anciana Rose, sentada en un taburete y fumando de una vieja pipa, mirando a través de las sombras corroboró mi idea infantil de lo que es una bruja. Lo que realmente me llamó la atención fueron sus manos en forma de garras... “

Memorias de “La vieja Rose” relacionadas con Hamilton-Jenkin, por Mrs Stanley James.


Para la gente ordinaria de la Inglaterra Occidental, fue una vez muy común el trazar su camino para consultar a un reputado y sabio practicante en momentos de necesidad o enfermedad.

Su viaje pudo haberles tomado considerable tiempo y distancia, a pie o en carro, en una época en que las “carreteras” eran escasas, y muchas de ellas difícilmente podrían ser consideradas como tales hoy en día. Otros, más afortunados, tendrían a este practicante mucho más cerca de su localidad, probablemente residiendo en el límite de su pueblo o comunidad, apartado, marcado como “diferente” de los demás, pero sin embargo siempre observador y vigilante de ellos.

Caminando a tientas hacia la espinosa puerta de la casa de campo, debería encontrarse el cliente, habiendo sido invitado a entrar para encontrarse a la mujer sabia, el hombre de astucia, el encantador, “la bruja blanca” o el doctor feérico, sentado en el linde de su ventana, ausente, contemplando silenciosamente una realidad sólo revelada a sus visiones. Ellos ya sabrían porqué había venido su cliente, y sencillamente lo enviaban fuera con su problema resuelto sin una sola palabra surgida de los labios del mismo. Otros buscaban la causa y solución a través del fuego del hogar, las formas del humo, o un cristal negro como el hollín.



Mientras que otros desaparecían en otra habitación, o una zona aislada de la casa, para consultar a los espíritus, después de cierto tiempo reapareciendo con encantamientos, sustancias o instrucciones para su cliente, siendo practicadas por él mismo sin atisbo de duda y lleno de fe.

Se nos educa repetidamente, por el historiador académico distante e independiente, que estos caminos hace mucho que murieron completamente aquí en la Inglaterra Occidental. En el mejor de los casos sólo reciben una amable sonrisa e inclinación de cabeza de aquellos que aún se obligan a buscar asistencia de los practicantes de la magia, y de hecho también de los mismos practicantes a los que consultan para buscar consejo mediante las artes del oráculo, para ritos de curación y exorcismo, amuletos y sustancias para hacer desaparecer síntomas enfermizos o para que se realice lo que es deseado y/o necesitado.

Que ambos, cliente y practicante aún existen hoy en nuestra tierra, y que estas cosas suceden en cualquier parte del país es de hecho innegable. Es también imperdonablemente perezoso e ignorante al extremo afirmar que esta práctica en los días contemporáneos no es auténtica, sencillamente por el crimen de existir en un tiempo en el que se la relaciona con muchas formas modernas, tópicas, del ocultismo y el renacimiento de la brujería.

El practicante tradicional es perspicaz y pragmático, haciendo uso de todo lo que funciona. De hecho, ¿es tan inconcebible que si las prácticas del señor G.B Gardner hubieran estado disponibles en el siglo XIX se hubieran empleado las que resultan útiles y descartado las demás?

El arte tradicional es, en su profunda naturaleza, operativo y orientado a los resultados, y es en su habilidad para servir al éxito donde reside su autenticidad, y la verdadera razón de que su presencia continúe. La búsqueda de asistencia y la inclinación hacia aprender los caminos para proporcionar esa asistencia todavía sobreviven y evolucionan en el día presente, y continuará sucediendo muchísimo más tiempo en el futuro.

Para el practicante contemporáneo, aquí se proporcionan caminos y métodos que se han empleado en la Inglaterra Occidental, tanto en siglos pasados como en tiempos más recientes.

Los caminos aquí explorados pueden resultar bastante poco familiares, e incluso incómodos, para algunos practicantes del arte moderno, para los que cualquier noción de que la retribución mágica y el maldecir puedan ser una posibilidad se han omitido. De todas formas, el practicante tradicional acepta todas las artes de los espíritus y los Ancianos, pero espera no tener que hacer todo el uso de ellas. Incluso los novicios que llegan al arte tradicional contemporáneo, especialmente aquellos que residen cruzando el océano atlántico, frecuentemente prefieren olvidar las prácticas ceremoniales y derivadas de grimorios para distanciarse de las ceremonias derivadas de sus primos Wica, y guardan una incomprensible esperanza de crear un arte que sea completamente rústico e intuitivo en su simplicidad. No debe ser olvidado el hecho de que nuestros compañeros en el pasado abrazaron el Ars Grimorium tan pronto como estuvo disponible para ellos, y los actos ceremoniales, palabras y símbolos que se encontraron se convirtieron en una parte intrínseca de nuestra tradición mágica nativa, donde símbolos mágicos, horas planetarias, círculos y las virtudes de las direcciones han sido empleados durante mucho tiempo.



Ambos practicantes también se ponen enfermos por la reminiscencia de magia cristiana, pero es una parte establecida en la tradición, incluso si el grimorio de donde procede dicha parte se llama la Biblia. A pesar de la creencia en trabajos relacionados con el mundo espiritual, fuerzas del más allá y los viejos pactos con el “Anciano”, los practicantes de la magia popular son tradicionalmente observadores duales y tienen una profesada fe en la cristiandad, pero no necesariamente en su iglesia, y han empleado su magia tanto como los viejos caminos y la fe feérica.

La fe es importante en el éxito de las operaciones mágicas, y es más común que el cliente no profese la creencia cristiana. Para ellos, un encantamiento que llama a la ayuda de Dios padre, hijo y espíritu santo, va naturalmente reforzada por su propia fe, y es más probable que funcione.

Una consideración, que puede o no ser única en Cornualles y la Inglaterra Occidental, es el asunto de diferenciar a la bruja y la persona de astucia. Puede parecer que en varias partes de las islas británicas se dé el caso de que existe una clara línea entre los brujos y la gente de astucia, siendo los primeros malignos por naturaleza, dedicando sus artes a la causa de desastres y sufrimientos hacia el hombre y el animal, existiendo el último para eliminar su influencia de las víctimas del brujo, adicionalmente proporcionando curas generales, adivinaciones, consejos, y otros servicios benefactores.

Las cosas no son tan literalmente “Blanco o Negro” cuando las consideramos en las prácticas córnica e inglesa occidental. Aquí los dos roles se han fusionado, y el nombre “bruja” parece ser intercambiado durante mucho tiempo por mujer sabia, hombre de astucia, encantador y pellar, a veces con el prefijo tan engañoso de “blanco”. Aquí, el practicante de la magia popular era más frecuente que lanzara maldiciones a aquellos que le ofendían como también proveía a sus clientes curas y soluciones para eliminar las influencias enfermizas de otros practicantes agraviados.



Las creencias viejas y profundas hacia la brujería, magia, y la temida influencia del mal de ojo de la bruja, permanecieron mucho más aquí en la Inglaterra occidental, especialmente en Cornualles. Este lugar remoto del sur-oeste fue en un tiempo hogar de muchos brujos y practicantes de la magia ceremonial popular, particularmente en su región más remota, West Penwith.

Aquí, los registros históricos y los fantásticos cuentos de hadas de las actividades de las brujas se mezclan. La presencia de estos practicantes igualmente “blancos” y “negros”, y las creencias populares alrededor de ellos, se dieron en gran intensidad a finales del siglo XIX. Era un tiempo cuando Cornualles aún era muy remota, “de otras maneras” y poco conectada con la rápida modernización de Inglaterra. 

Fue en este paisaje “de otro lugar”, con colinas encantadas, antiguos templos de piedra de nuestros ancestros pre-cristianos, y poderosos pozos sagrados de virtudes curativas y adivinatorias, donde una gente de naturaleza mística y temperamento supersticioso, guardaron firmemente sus creencias tradicionales hacia la brujería.


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