lunes, 17 de abril de 2017

Herencia del Brujo de Cornualles

Por Gemma Gary
(Traducido por Manon de Traditional Witchcraft)


El Oficio Tradicional, con sus muchas y variadas ramas, es un Arte nacido en gran medida del mismo paisaje en el que es practicado. Hay hilos comunes que discurren a lo largo de varias recensiones de la 'Antigua Fe', pero las precisas tradiciones, maneras y prácticas del 'Antiguo Oficio' siempre diferirán y estarán sazonadas por las creencias, tradiciones, costumbres, sabiduría, ritos mágicos históricos, amuletos y artículos  populares preservados de la región en la que su práctica esté enraizada. La brujería tradicional es brujería regional, no es y nunca ha sido una práctica estandarizada y puede que por largo tiempo continúe siendo este el caso. El día en el que la brujería pierda la variación regional, será el día en el que la brujería tradicional deje de existir.


En la cima de la bien establecida variación regional, también está el hecho de que la práctica de un brujo tradicional nace de su propia respuesta a las maneras de su localidad y paisaje en particular, y el instinto, conocimiento, inspiración y creatividad del individuo entran en juego. Si uno fuera a pedirle a un practicante de magia popular de Cornualles y de Norfolk, tanto de hoy como del siglo XIX, que le hablara de las maneras de su Oficio, oiría hablar de dos prácticas, distintas en muchos detalles y exactamente el mismo resultado pasaría si la misma cuestión se le planteara a dos practicantes que operaran en dos pueblos vecinos en Cornualles.
La brujería siempre ha sido practicada en Cornualles, o al menos eso es lo que parece. En muchos sentidos la palabra brujería parece estar inextricablemente vinculada con Cornualles, un remoto cuerno de tierra que es el hogar de incontables leyendas de antigua magia y hechicería, seres fantásticos y muchos antiguos lugares encantados que inspiran la imaginación a considerar los misteriosos tejemanejes a medianoche de brujos y alegres reuniones de Piskies...


Dentro de los antiguos relatos populares de cada lugar, hay elementos contenidos de verdad y recuerdos populares de las 'Antiguas Maneras' transmitidos a través de las leyendas y las costumbres. Cornualles sin duda, no es diferente y detrás de las leyendas hay una 'fe feérica' y un Arte del Sabio que se han seguido observando y practicando hasta el día de hoy (aunque tristemente en una medida siempre decreciente), existiendo eclipsados por las modernas y en ciertos aspectos no relacionadas, prácticas populares de la Wicca.
Cornualles de hecho fue el hogar de muchos practicantes de magia popular, una tradición que alcanzó un clímax en el siglo XIX. Dichos practicantes ofrecían una variedad de servicios que principalmente involucraban trabajos de curación, levantamiento de maldiciones, exorcismo de espíritus malignos, protección, amor y la restauración de  propiedades perdidas o robadas.
A los clientes a menudo se les suministraban sustancias mágicas en la forma de pequeñas bolsas de tierra o polvos preparados. Los Encantamientos escritos también son un rasgo común de la magia popular córnica, plegados y cosidos intrincadamente dentro de pequeñas bolsas cuadradas.

Algunos practicantes córnicos lograron un cierto grado de fama, dos de los más notables quizá sean Tamsin Blight y Granny Boswell.
Tamsin Blight, o Tammy Blee como era conocida, vivió de 1798 a 1856 y quizá fue la practicante histórica más famosa en Cornualles. Realizando su oficio dentro del área de Helston, se ganó una respetada y temida reputación, porque los brujos córnicos siempre han tenido la habilidad de curar y maldecir.
Había clientes que viajaban grandes distancias para consultar con ella, y en ciertos momentos la gente hacía cola fuera de su casa en gran cantidad, para comprar amuletos nuevos o que volviera a empoderar los antiguos, particularmente en la primavera, cuando según la tradición córnica los poderes de una bruja se renuevan.
Sabemos que suministraba las tradicionales bolsas con encantamientos escritos y sellados, así como las bolsitas de tierra de sepultura, huesos y dientes, y las de polvos mágicos; el más destacado 'Polvo de Bruja'. También tenía una fuerte reputación de eliminar maldiciones y hacer curaciones, trabajando no solo con personas, sino también con ganado y caballos.

Sus poderes de visión también se tenían en alta reputación, porque era consultada por el paradero de dinero perdido o robado y la identidad de brujas malévolas, y trabajaba con espíritus, haciendo uso de sustancias alucinógenas para ayudar a sus visiones y comunicaciones.
Tenía un marido, Jemmy Thomas, que también reivindicaba tener los poderes de un brujo, pero la mayoría de las veces disfrutaba de una reputación fluctuante para la magia, aunque su necrológica celebraba sus habilidades para domesticar el comportamiento indisciplinado del ganado y los caballos, una habilidad tradicional entre los hombres de astucia a lo largo de Inglaterra.
El siguiente relato, de William Bottrell (1816 – 1881), folclorista del siglo XIX cuya obra registró un vasto cuerpo de saber brujeril tradicional propio de Cornualles, ofrece una fascinante visión de las prácticas como Pellar de Tammy y Jemmy, llevadas a cabo en su hogar.
De 'Annual Visit of the West-Country Folks to the Pellar of Helston, to have their Protection Renewed':

“...Según el antiguo uso, las gentes de muchas partes del suroeste hacen su peregrinaje anual a algunos famosos brujos blancos, en aras de tener lo que llaman “su protección renovada”. Siempre se elige la primavera para este objeto, porque se cree que cuando el sol está retornando el Pellar tiene más poder para protegerles de la mala suerte que en cualquier otra estación.

...Solía ser una diversión poco común para las gentes ir al conjurador en la primavera, cuando era seguro encontrar en la morada del hombre sabio, personas de todas las edades y condiciones, muchos provenientes de grandes distancias. Entonces los habitantes de las Islas Sorlingas venían en multitud con el propósito de consultar a los brujos blancos de Cornualles, y poder obtener su protección, amuletos, hechizos y contra hechizos. Muchos capitanes de barco, pertenecientes a Hayle, St. Ives y Swansea, a menudo visitaban al Pellar antes de emprender un viaje, así que, entre marineros y hojalateros, estaba asegurada una gran cantidad en el grupo.

...Aunque llegaban a mitad del mediodía, dicha multitud ya estaba reunida esperando desde mucho antes de que llegara su turno para ser admitida ante la presencia del sabio. El conjurador recibía a la gente y sus ofrendas, uno a uno, en la habitación denominada por cortesía el hale (salón). Pocos permanecían encerrados con él más de media hora, durante cuyo tiempo a algunos se les proveía con pequeñas bolsas de tierra, dientes o huesos tomados de una tumba. Estas preciosas reliquias se llevaban suspendidas del cuello, para la cura o prevención de ataques, y otras misteriosas reclamaciones que se suponía estaban provocadas por la brujería. Otros eran provistos con un trozo de pergamino, sobre el que estaba escrito el ABRACADABRA o el siguiente encantamiento:

S  A  T  O  R
A  R  E  P  O
T  E  N  E  T
O  P  E  R  A
R  O  T  A  S

Estos encantamientos eran encerrados en un papel, doblado curiosamente como una tarjeta de amor, sellado y suspendido del cuello de la persona víctima de los malos deseos, hechizada o enferma. El último encantamiento se considera como un instrumento de gran poder, porque las palabras mágicas se leen lo mismo hacia atrás que hacia adelante. Una sustancia arenosa llamada polvos de bruja, que se parecían mucho a ladrillo machacado, también se daba a aquellos que lo requerían. Una envejecida anciana de la sangre del pellar, madre o hermana del brujo blanco en jefe, recibía a algunas de las mujeres en el piso de arriba para curas tales como los casos menos difíciles, ya que un simple encantamiento tenía efecto, pero la mayor parte de ellas preferían al hombre, ya que solo sus encantos eran lo suficientemente poderosos como para desembrujarlas.

En lugar del polvo terrenal, algunos eran provistos con un encantamiento escrito, que varía de acuerdo a los sentimientos de los receptores. La mayoría de los más religiosos tienen un verso de las escrituras, concluido con la reconfortante seguridad de que, por la ayuda del Señor, el Brujo Blanco esperan que les haga el bien. 

Pero aquellos que no tienen sentimientos religiosos en particular, los provee con un encantamiento del cual la siguiente es una copia literal: En un lado de un trozo de papel, del tamaño más o menos de una pulgada y media por una pulgada

NALGAH

Aquí sigue una imagen de lo que debe haber sido creación propia del conjurador, un objeto tal nunca visto por ojos mortales en los cielos de arriba, la tierra de abajo, ni en las aguas bajo la tierra. El único objeto con el que podemos compararlo es algo que es una cruz entre un querubín sin cabeza y un águila con las alas extendidas. Debajo de lo que puede que se pretendiera fuera un ángel o un pájaro, hay un huevo, sobre el que la criatura parece estar empollando. Hay otro huevo en el extremo de una de las piernas estiradas de la criatura. Esta imagen, que es la parte más singular del amuleto, solo puede ser representada con la ayuda del lápiz. La palabra 'TETRAGRAMMATON' está bajo ella. En el reverso:

JEHOVAH.
JAH. ELOHIM.
SHADDAY.
ADONAY.
TEN PIEDAD DE UNA POBRE MUJER.

A partir de la desgastada condición del amuleto (que ha estado en uso muchos años antes de que llegara a nuestras manos) es difícil entender lo escrito.


Otro amuleto, dado comúnmente por el Pellar a sus pacientes, a ser llevado suspendido del cuello, es una pequeña bolsa de tierra tomada de la tumba de un hombre.

Además de los encantamientos anteriormente mencionados, el Pellar da a sus neófitos polvos, para echarlos sobre sus hijos o ganado, para preservarlos contra la brujería, amplias directrices tales como los tiempos afortunados o desafortunados, y un bálsamo verde, del que se dice que es un excelente ungüento curativo. He hablado con muchos que han visitado al Pellar cada primavera, durante años, que han podido conseguir la renovación de su protección. Sin embargo, no se puede descubrir todo lo que tiene lugar en el momento de esta peregrinación, ya que las directrices son dadas a cada individuo por separado, y todos están atados para preservar el mayor de los secretos sobre alguna parte del encantamiento, o no hará el bien.

A otros les daba piedras de sangre, milpreves, o piedras-serpiente, y otros oropeles, manufacturados por la familia del pellar para ser llevados como amuletos. Los anillos de piedra azul, en los que algunos imaginaban que veían la figura de una víbora, eran particularmente apreciados, porque se creía que aquellos que los llevaban, a través de los mismos estaban protegidos de los ataques de cualquier reptil de la especie de las serpientes, y ese hombre o bestia, mordido o envenenado, al darle un poco de agua para beber, en la que esta piedra haya estado sumergida, se recuperará perfectamente del veneno. Los amuletos, reliquias y encantamientos suministrados por el brujo blanco servían para tranquilizar la imaginación del enfermo, así como las píldoras de pan, las aguas coloreadas y otros inocentes compuestos de los practicantes más de moda, o las medallas y escapularios sagrados de otros profesores. No hay nociones nuevas bajo el sol, la única diferencia es la forma en la que se disfrazan.


...Después de la cena, la tarde se dedicaba a contar historias de brujas. Todo el que estaba presente tenía muchos casos, cada uno dentro de su propia experiencia, de los que dar testimonio. Comparaban los méritos de los diferentes conjuradores de reputación, y todos estaban de acuerdo en que ninguno de los Pellar podía sobrepasar al Pellar de Helston. Ni siquiera el “hombre astuto” de Bodmin ni la “bruja blanca de Exeter” podían poseer más poder para levantar un hechizo o castigar a una bruja, o encontrar quién había robado cualquier cosa que se hubiera perdido, y poner el ojo sobre el ladrón."

Otra renombrada mujer sabia de Helston era Granny (Anne) Boswell, 1813 – 1906. Una practicante conocida por ser de sangre gitana, ampliamente consultada por sus habilidades en la magia y la premonición.
Entraba dentro de la larga familia gitana Boswell a través de su matrimonio con su segundo marido Ephraim Boswell, hijo de un Rey gitano. Tuvo que soportar mucho, poco sueldo y jornadas de trabajo largas en Helston, zona de granjas, junto a otras mujeres de su clase y comunidad, viéndose después cargada con la crianza de seis hijos, a los que dio a luz en sus tardíos cuarenta.
El conocimiento mágico ganado con su educación romaní le sirvió en sus últimos años ya que fue capaz de suministrar cantidad de encantamientos, tradicionales tanto para el folclore de la astucia como el gitano, a aquellos que la consultaban en busca de ayuda. Estos incluían de forma particular una pequeña bolsa curativa de arañas negras para colgarla en el dormitorio del cliente enfermo. Le consultaban chicas y mujeres jóvenes sobre asuntos de amor, el levantamiento de maldiciones y era habilidosa en la cura de la tiña en el ganado.

Un incidente divertido que involucró a Granny Boswell, a menudo relatado, ilustra perfectamente la tradición córnica de la gente sabia que tiene la habilidad no solo de dar curas, sino de maldecir. Durante las elecciones de 1906, Granny Boswell estuvo bebiendo hasta emborracharse en una posada de Helston, como era su costumbre, cuando salió a la calle para observar lo que bien podía haber sido el primer coche a motor que sus ojos alguna vez vieran, que traía a Helston a los votantes para la encuesta. Se quedó allí en medio de la calle fascinada con esa máquina pulida,  palpitante y de franja arqueada. El conductor, frustrado por este obstáculo, dijo a Granny Boswell que se apartara de su camino de una forma muy desagradable, pitándole con el claxon del vehículo. Esto enfureció a Granny Boswell y le hizo chillar en el más soez de los lenguajes al conductor, informándole de que la máquina no conseguiría llegar más lejos del otro extremo de la calle. Ella irrumpió en furia, probablemente por otro trago, mientras el vehículo intentaba continuar su viaje. La cosa solo logró llegar a medio camino por la calle antes de que una de las gruesas ballestas de acero se rompiera limpiamente en dos dejándolo varado y requiriendo que un caballo lo remolcase.
Moviéndonos al oeste de Helston, bien adentro de la remota Penwith, el pueblo de St Buryan y las zonas periféricas, tiene una larga y profundamente arraigada asociación con la brujería. El saber brujeril córnico es rico en historias, recogidas por los folcloristas – en particular William Bottrell, sobre una de las brujas de St Buryan, Betty Trenoweth. Es muy probable que estas historias hablen de una figura real, como con mucho del folclore, en el que no hay humo si no hay fuego, y como Kelvin Jones explica en su libro 'An Joan the Crone – The history and Craft of the Cornish Witch', “casi todos los personajes de Bottrell pueden ser rastreados hasta familias reales al oeste de Cornualles justo antes del tiempo en el que estuvo recogiendo sus relatos”.
Se cree que Betty trabajaba en Trove Mill, cerca de Lamorna, moliendo grano traído de St Buryan y las zonas de alrededor. Trove Mill y Betty están asociados con el juego córnico 'Duffy and the Devil', una historia similar a la de 'Rumplestiltskin' en la que a Betty se la presenta como la líder de un coven de brujos local. Destacada también es Boleigh Fogou (una misteriosa y antigua cámara subterránea de las que hay cierta cantidad de ejemplos en Cornualles occidental), el 'Buccaboo' (Bucca Dhu), sinónimo en el saber córnico del diablo, y una descripción evocadora de una reunión de brujos:

“...desgarrando arbustos de zarzas y espinos, nos encontramos en el Grambler Grove. Y ahora,” continuaba él, después de darle un trago al frasco, “Tengo por cierto que lo que los ancianos dicen es verdad de cómo las brujas se reúnen con el Diablo en las noches de verano. En invierno se encuentran en el Fuggo Hole, todos lo sabemos, porque uno puede entonces oír a menudo el sonido de la flauta del diablo para su danza bajo el suelo de nuestro salón, que está justo sobre el extremo interior del Fuggo. Y ahora creo que lo que tomábamos por una liebre, era una bruja que perseguíamos hasta el interior de este bosque encantado. Mirando a través de la espesura yo espiaba, en un lugar desnudo, rodeado de viejos  robles blanquecinos, una llama parpadeante ascendiendo a través de nubes de humo. Los perros retrocedían y permanecían a mi alrededor como criaturas asustadizas. Acercándome y mirando a través de una apertura, vi montones de mujeres, algunas viejas y feas, otras jóvenes y aceptables por lo que a mí respecta. La mayoría de ellas estaba ocupada recogiendo helechos blanquecinos o ramitas secas para el fuego. Noté, también, que otras brujas, si se las pudiera juzgar por su ropa, llegaban constantemente volando sobre los árboles, algunas montadas sobre hierba cana, escobas, cucharones, palos o cualquier cosa sobre la que pudieran montarse a horcajadas. Otras venían a través del humo tan cómodas como gustes, sentadas sobre taburetes de tres patas, y bajaban por el fuego, con sus gatos negros sobre sus faldas. Muchas venían a través del matorral como liebres de las que de pronto brotaban llamas, surgiendo de ellas como las chicas decentes que se pueden ver en la iglesia de Buryan en un día de fiesta. Pronto, una buena hoguera ardía, entonces, a su luz veía un poco atrás sentada bajo un árbol, ¿quién lo diría?, ni más ni menos que a la vieja bruja Bet, la del Molino. Y a su lado un fornido compañero de oscuro rostro, que no tenía mala pinta y que nadie tomaría por un diablo en absoluto, sino por la compañía con la que estaba y la visión de su cola bifurcada que asomaba justo bajo las faldas de su abrigo. De tanto en tanto la Vieja Bet se llevaba a la boca una botella de cuero negro, muy parecida a las nuestras y al Diablo parecía gustarle el licor por la manera en la que se golpeaba los labios...”


“...Las brujas, entrelazadas mano sobre mano, bailaban más locas y más rápidas, empujándose las unas a las otras a través del fuego, y no se chamuscaban mucho, las perras. Daban vueltas y vueltas tan rápido que al final, especialmente cuando el Diablo se les unía, mi cabeza se turbaba. Quería danzar con ellos y gritaba conforme avanzaba '¡Hurra! ¡Mi alegre Diablo y brujas todas!' En un instante, rápido como un relámpago, la música paró, el fuego se apagó, un estampido de viento barrió las ascuas y cenizas, una nube de polvo y fuego vino a mis ojos y casi me cegó. Cuando miré de nuevo, todos se habían desvanecido.”

Para aquellos interesados en conocer más sobre las vidas de los brujos históricos de Cornualles, puedo recomendar totalmente 'An Joan the Crone' de Kelvin Jones, Oakmagic Publications.
Hay muchas historias de la brujería de Betty Trenoweth y de las maneras de la mujer sabia, una nos habla de cómo ganó sus poderes y los mantuvo, por sus frecuentes conferencias con el Diablo. Él la encontraba, se nos ha contado, en la forma de un gran toro negro al norte del camposanto de St Buryan, un lugar feérico en el que incluso hoy en día no es de extrañar que haya actividades de brujería.
Mientras que indudablemente se habrá perdido mucha de la sabiduría y prácticas de la gente de Astucia, Encantadores, 'Brujas Blancas' y 'Pellars' ('repeledores' de espíritus malignos, enfermedades, infortunio y malos deseos en la tradición brujeril córnica) de Cornualles, también hay indudablemente mucho que ha sobrevivido y ha sido preservado.
Junto a las figuras de William Bottrell y Robert Hunt, cuyos relatos y conversaciones recogidos con las gentes ordinarias de Cornualles en el siglo XIX y que preservaron un gran cuerpo de sabiduría y creencias populares respecto a la brujería córnica, estamos en gran deuda con el trabajo del practicante de brujería, coleccionista e investigador Cecil Williamson (1909 – 1999). El fundador del Museo de la Brujería, primero en la Isla de Man en el 'Molino de las Brujas' en 1951, reubicado varias veces antes de asentarse en el pueblo costero al norte de Cornualles, Boscastle, en 1960, donde el museo permanece hoy. Cecil afirmaba haber encontrado en primer lugar el mundo tradicional de las creencias brujeriles del West-Country de niño en el pueblo de Devon al norte de Bovey. Aquí luchó para proteger a una anciana del ataque en la plaza del pueblo, de unos matones que sospechaban que había embrujado al ganado. Este incidente desató un interés de toda una vida en los caminos de las brujas y magos populares, no como algo extinto sino como una rara práctica todavía viva.

El interés de Cecil en el Oficio se centraba mucho en el área de la tradicional magia popular de tipo rural, y lo que denominó el Arte de “la brujería de al lado del camino'. No era aficionado en absoluto o aprobaba la Wicca, sin embargo inadvertidamente jugó un gran papel en su desarrollo cuando presentó a Doreen Valiente a Gerald Gardner, a quien conoció en primer lugar en 1946 y le dio trabajo como 'brujo residente' en su museo. Siguiente a esta presentación, Doreen Valiente se convirtió en una de las Altas Sacerdotisas de Gardner y pasó a producir muchos y bellos textos rituales wiccanos en su coautoría del 'Libro de las Sombras' (se debe decir sin embargo, que Valiente era realmente, y mucho, una bruja tradicional de Sussex).
A través de su recolección e investigación de la brujería, Cecil se mantuvo particularmente interesado en las maneras del oficio de su nativo West Country. Creía que la mejor forma de investigar era practicar activamente su área de estudio. Además de encontrar creencias brujeriles a través de sus propios clientes, se cree que encontró y aprendió de ochenta y dos mujeres sabias practicantes. Existen evidencias de su práctica mantenida hasta su muerte, en los artículos mágicos y ritualísticos 'activos' descubiertos en sus habitaciones después de su fallecimiento, siendo claro que persiguió los tradicionales 'caminos dobles' de la maldición y la sanación. A través de su obra, Cecil legó un rico corpus de maneras brujeriles del West Country, incluyendo herramientas y artículos de trabajo para la práctica adivinatoria y los ritos mágicos de curación, levantamiento de maldiciones, exorcismo y destrucción.

La rica y extensa colección córnica de fragmentos preservados y sobrevivientes de tradiciones y prácticas relacionadas con los rituales de curación, sabiduría herbal, procuración de amor, fortuna y abundancia y levantamiento y lanzamiento de maldiciones, aporta un rico y fértil fundamento a partir del que la práctica siempre viva de la brujería tradicional y la 'Corriente del Pellar' pueden florecer y continuar como una observancia contemporánea, porque es una forma de vida que no puede morir por completo. Los ingredientes necesarios para dicha continuación permanecen como lo hicieron en la Cornualles del siglo XIX. Ahora, como entonces, están los llamados por la virtud de su sangre al Camino del Pellar. Ahora, como entonces, están los que viven en este misterioso y relativamente inalterable paisaje rural que teme el mal sobrenatural, o que busca mejorar su situación a través de medios sobrenaturales y desean así buscar y consultar a un practicante. Ahora, como entonces, hay un rico corpus de tradición y praxis mágica establecido, propio de Cornualles, para inspirar e informar al trabajo del estudiante Pellar.
No se puede afirmar que las maneras del practicante contemporáneo han permanecido inalteradas de aquellas de los practicantes del siglo XIX y anteriores, porque sería absurdo, e intentarlo a través de la adherencia inalterada a la antigüedad no aportaría la 'divisa de la autenticidad', sino solo resultaría en una 'recreación histórica' vacía. La autenticidad descansa en la práctica viva, la cual debe por su misma naturaleza cambiar y evolucionar con el paso del tiempo. La honestidad y el discernimiento en el propio estudio y práctica y el procurarse los resultados, son la única estampa de autenticidad que hay.
Las afirmaciones de algunos historiadores de que las creencias de la brujería tradicional y las prácticas mágicas de Cornualles murieron por entero entre los años 40 y 50, son a menudo, como era de esperar, contradichas por la evidencia  mostrada por su propia investigación, porque la época de las antiguas creencias en el poder de las maldiciones y los que desean el mal está todavía muy viva en este remoto paisaje. Ha seguido habiendo practicantes de magia popular escondidos silenciosamente a lo largo de toda Cornualles, no solo eliminando verrugas sino proveyendo amuletos y preparaciones para todo tipo de necesidades y revirtiendo el poder de quienes desean el mal. Probablemente sea porque Cornualles se vio rápidamente más influida por modernas ideas en los años 40 y 50, haciendo que la gente no admitiera abiertamente por más tiempo dichas creencias, por miedo al ridículo, que estas actividades dejaron de ser registradas por la prensa local. Pareciera que los historiadores gustan mucho de hacer ahí su investigación, en lugar de hablar realmente con la gente ordinaria, como los diligentes coleccionistas de folclore del pasado hicieron. También se podría decir con seguridad que el moderno movimiento folclórico córnico, que floreció en este periodo, fue en gran medida el dominio de la clase media cristiana, aficionada a promover la idea de que las creencias en la brujería de las gentes ordinarias de Cornualles, era algo del pasado firmemente extinguido. 

Sin embargo, las familias de granjeros de Cornualles, todavía hoy pagan a los practicantes locales para que protejan sus tierras y ganado de males sobrenaturales y mundanos, y el pueblo llano todavía consulta a la Gente Sabia Córnica para que eliminen las maldiciones. Incluso he conocido una agencia inmobiliaria de Penzance que piden los servicios de una Mujer Sabia local cuando ponen a la venta ciertas propiedades que se han convertido en problemáticas, mientras que en otras áreas creo que llaman a lo que es conocido como un 'decorador'. Aquí, una casa que no se vende también podría haber sido inundada de energías negativas, espíritus problemáticos o incluso los malos deseos de un envidioso practicante de la brujería, como lo sería el mal gusto en la decoración, o el desorden en exceso. Yo misma recibo, de forma regular, peticiones para levantar maldiciones. Esta, junto a la magia para asuntos de amor, es la magia más requerida. Lo que se podría decir que ha cambiado es la petición para adivinar y descubrir la identidad del que desea el mal, una petición a menudo hecha a los practicantes córnicos. La gente hoy, por cualquier razón, parece contentarse solo con que se elimine la maldición que creen estar sufriendo y recibir protección de futuras maldiciones. Este no es siempre el caso, no obstante, porque dichas peticiones surgen en ocasiones pero se debe decir que son una rareza. A pesar de este ligero cambio y el relativo descenso en la clientela, la Gente Sabia de Cornualles no se ha marchado a ningún lugar. Un ligero cambio y descenso no son en ninguna extensión de la imaginación lo mismo que la extinción. Ni pueden ser usados para argumentar la falta de autenticidad de la práctica contemporánea. Este último asunto también es verdad de la presencia de textos de ocultismo y magia 'salidos del tema' disponibles para los practicantes contemporáneos, cuando se considera que mucho del conocimiento práctico de la Gente de Astucia de Cornualles desde un punto de vista histórico, considerando los detalles de la práctica ritual, encantamientos escritos, virtudes planetarias y cosas similares, se sabe que lo aprendían en famosos grimorios disponibles fácilmente en el siglo XIX de distribuidores de libros por correo. Inspirarse en material publicado por ello, no es una desviación de la tradición, la cuestión simplemente es, que los practicantes modernos necesitan ejercitar un mayor discernimiento dados los extraordinariamente vastos y diversos textos disponibles a día de hoy. Los practicantes de inclinación tradicional, tienden de todos modos a extraer material complementario al conocimiento preservado y establecido en su Arte local.
Algunos también han intentado organizar y 'encasillar' a los practicantes de magia córnicos en distintas categorías, teniendo cada una sus propias habilidades distintivas: Gente de Astucia, Encantadores, Brujos Blancos, Conjuradores y Pellares – el más poderoso de todos. En realidad, no obstante, estos términos eran extremadamente intercambiables, Tamsin Blight, una de las más famosas practicantes de Cornualles, fue encasillada en la mayoría de estas etiquetas en uno u otro momento. Las habilidades ofrecidas diferían, algunas veces solo ligeramente, de practicante a practicante, pero no con ninguna estructura jerárquica real, discernible o estrictamente adherida. Era, y lo es, un Oficio de servicio, en el que se emplea cualquier habilidad que el practicante posea a proporcionar según la necesidad, sea a través de la adivinación, la conjuración de espíritus, la creación de amuletos y sustancias, la imposición de manos o el envío del espíritu.



------------------------------------------

Este texto ha sido extraído de un libro muy interesante que te recomiendo que compres para tu biblioteca personal en el siguiente enlace:



No hay comentarios:

Publicar un comentario